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ETIOPÍA, ALLÍ DONDE EMPEZÓ LA HUMANIDAD.

Descubrir la República Democrática Federal de Etiopía. Imaginarla en este texto.

LUZ GABRIELA GÓMEZ RESTREPO

El nombre viene del griego Aethiops, que traduce “cara quemada”, pero para sus habitantes sigue siendo el Reino de Saba. Abisinia, como se llamaba antes, es citada en los jeroglíficos egipcios, en la Biblia, en el Corán, en la Ilíada y la Odisea de Homero. El país de Punt, lo que hoy es Etiopía más Eritrea, fue un destino poderoso de la Antigüedad por su mercado de piedras preciosas, esclavos, mirra y marfil.

Etiopía nos da una lección de sana convivencia. Siempre esa tierra ha sido propicia a la diversidad religiosa y lingüística, un ejemplo casi inexplicable de respeto y tolerancia ideológica. Cristianos, musulmanes, judíos, rastafaris y animistas comparten viviendas, calles, mercados, universidades, canchas deportivas y colegios, sin ninguna dificultad.

Es necesario dejarse deslumbrar por las leyendas que se confunden con la historia, por las riquezas arqueológicas que explican nuestra génesis humana, por los tremendos “monumentos” naturales que dejan sin aliento, por los tesoros de la Antigüedad aunque, por desgracia, muchos de sus museos estén desordenados y acumulados en estantes sucios (lo mismo que impacta la suciedad de los birr, los billetes nacionales), y por su gastronomía, influenciada por el cercano mundo árabe, primordialmente vegetariana, rica en la variedad de aceites y cocciones de verduras.

Es necesario advertir que Etiopía apenas empieza a despertar en lo que se refiere a desarrollo e infraestructura. A lo mejor por eso aún continúa siendo invisible a los ojos de los viajeros, pero es una especie de ojo ciego: los viajeros no llegan todavía porque las infraestructuras son incipientes y estas apenas comienzan a levantarse por la falta de visitantes constantes que garanticen la inversión. Sería un error afirmar que no hay turismo, pero es realmente pobre.

Etiopía se hizo tristemente célebre por su hambruna de los años 80 que se llevó casi un millón de vidas. Es, en verdad, doloroso recorrerla y encontrarla todavía tan pobre y con muy limitados recursos hídricos, no solo para los asentamientos humanos sino también para su valiosa fauna y flora. Desde el avión que nos lleva a Adís Abeba observo adolorida decenas de ríos secos, a pesar de que apenas acaba de terminar el período lluvioso, sin embargo, este país de cien millones de habitantes, el segundo más poblado del continente africano después de Nigeria, y una extensión de un millón cien mil kilómetros cuadrados, tiene muchas otras historias que contar.

ESAS PARTICULARIDADES ETÍOPES

De entrada, hay allí algo muy sorprendente. Me refiero al importante papel que tienen las mujeres en la política, la vida universitaria y empresarial, la cultura y el arte en todas sus manifestaciones. No hay distinciones de oficios entre hombres y mujeres. Ellas están en los más altos cargos directivos, empezando por la presidencia de la República ocupada por Sahle-Work Zewde, y también se las ve como obreras de la construcción. Como ellas, los hombres se dedican sin molestia alguna a cargos y oficios occidentalmente señalados para mujeres, como el aseo y cuidado de la casa, la educación de los escolares, la atención de los enfermos y los ancianos. Son en verdad unos auténticos “igualados”, como corresponde, para luchar en el día a día sin demonios ni prejuicios.

No pretendo presentar a Etiopía exenta de las grandes dificultades y contradicciones de cualquiera de nuestros países, pero considero ético y necesario exaltar sus maravillosas especificidades, su potencial como destino de alto nivel y algunos de sus logros más notables.

Su primer ministro Aby Ahmed Ali recibió en 2019 el Nobel de Paz por sus esfuerzos para poner fin a la guerra con Eritrea. La pobreza extrema ha bajado del 38 % al 24 % en una economía agrícola que no posee hidrocarburos como la mayoría de sus vecinos.

Otra particularidad de Etiopía es el orgullo de ser el único país africano que no sufrió la colonización europea y que, gracias a ello, no perdió su lengua nativa, el amárico. Solo experimentaron una corta dominación italiana durante la Segunda Guerra Mundial. De esta Intromisión, entre 1936 y 1945, queda una interesante cocina fusión que se manifiesta en pastas y salsas que aprovechan lo mejor de cada cual.
El origen del café es etíope. Allí el 25 % de la población vive de su cultivo y es uno de los mayores productores de café gourmet. El rito del café etíope es sagrado y bastante antiguo: consiste en ofrecer tres tazas de diferente intensidad por invitado, siempre realizado en la jebena, la cafetera tradicional, y acompañado de crispetas. Es popular la leyenda del pastor que, al observar la excitación de sus ovejas que comían el fruto del cafetal, decidió probarlo y al sentirse más activo lo contó a unos monjes. Ellos, aterrados por las propiedades del fruto mágico, quisieron destruirlo con fuego. Al tostarse los granos, el café desprendió un maravilloso aroma y allí se inició una experiencia que conquistaría al mundo.
Otro tema excepcional son los Beta Israel: judíos etíopes, descendientes de la tribu de Dan que, según la tradición, se perdieron durante el éxodo entre Egipto y la tierra prometida y llegaron a estas tierras. Durante trece siglos defendieron un reino judío independiente en el Lago Tana, cuidando la que, de acuerdo con historias muy antiguas, afirman que es el Arca de la Alianza auténtica, con las tablas de la ley que Dios entregó a Moisés. En el siglo XX, Israel inició su repatriación en las operaciones Moisés y Salomón, a pesar de la resistencia de las autoridades religiosas, debido a los ritos y prácticas particulares de estos grupos. Todavía 10.000 judíos etíopes esperan volver a la tierra de sus ancestros, pero la financiación y la documentación no terminan de concretarse. Son el único caso de una comunidad judía negra.

Hoy residen en Israel unos 135.000 judíos de origen etíope; a la generación de los migrantes originales se unen ya sus descendientes, cada vez mejor integrados en la sociedad judía.

Tan auténticamente etíope como los Beta Israel, el café o los restos de Lucy, nuestra antepasada, es el movimiento Rastafari. Los seguidores de la creencia reconocen al emperador Haile Selassie, último monarca que ocupó el trono imperial de Etiopía entre 1930 y 1974, como la encarnación de Dios en la tierra. Se distinguen por su cabello, las rastas, y se reconocen como descendientes de los israelitas. Reivindican el panafricanismo, es decir, la unidad de los descendientes de africanos, y tienen en Jamaica un espacio mundialmente reconocido para su movimiento, especialmente a causa de la música reggae, la cual se ha convertido en una de sus principales manifestaciones artísticas.

TODOS SOMOS AFRO

Una de las mayores expectativas con las que se llega a Adís Abeba, la capital, es la visita a Lucy en el Museo Nacional. Considerada el eslabón esencial entre simios y humanos, fue descubierta el 30 de noviembre de 1974 mientras los exploradores escuchaban la canción de The Beatles, Lucy In The Sky With Diamonds, de donde viene su nombre. Es el homínido más antiguo y completo descubierto hasta hoy, perteneciente a la especie Australopithecus Afarensis, que ya caminaba en sus dos pies hace unos 3.2 millones de años. A partir de allí evolucionó la especie, que luego se extendió por el mundo.

El hallazgo de Lucy reviste un valor e interés incalculables porque es el eslabón perdido del que habla Darwin, que permite demostrar que el Homo Habilis vivió simultáneamente con el Australopithecus Afarensis, no que hubiera evolucionado a partir de él. La teoría que permitió descartar es la referida a que el caminar humano habría sido más tardío, gracias a un cerebro más grande. Entonces, es apenas legítimo que reconozcamos a la tierra etíope como cuna de la humanidad y que por tanto entendamos algo que nos vendría muy bien: que todos somos afrodescendientes.

Tenemos tan interiorizado aquello del mercadeo y la publicidad de los grandes y pequeños museos del mundo que, tan pronto terminamos la visita, quisimos ir a la tienda para buscar un catálogo, reproducción, fotografía o pequeña escultura de Lucy. Para nuestra sorpresa, ese almacén no existe. Es como si quisieran que llegáramos a vivir la emocionante experiencia de estar frente a ella y no estuvieran interesados en que nos la trajéramos. A pesar de ser una buena lección para gente como nosotros, ávidos de poseer, es a la vez curioso que no vean aquí sanas oportunidades de financiación. En ese caso, creo que una buena y respetuosa comercialización vendría bien porque el Museo en verdad necesita mucho dinero para sostenimiento, curaduría y mejora de sus salas de exposición. Junto a Lucy se encuentra el cráneo del Niño de Taung, encontrado en 1924 y más antiguo que ella, pero los ojos de los visitantes prestan poca atención a ese tesoro arqueológico.

CRISTIANA DESDE LOS APÓSTOLES

Etiopía respira fe y espiritualidad por todas sus esquinas, y no es un ejercicio reciente. Desde la tradición oral etíope se asegura que Baltasar, el rey de oriente que llevó mirra a Jesús en Belén, es el mismo Emperador Bazén, quien gobernaba el Imperio Aksumita, en el norte de Etiopía. Su tradición cristiana es una de las más antiguas del mundo y hoy el 70 % de la población profesa esa fe. Se trata de la iglesia copta ortodoxa, religión oficial desde el siglo IV. El rito litúrgico actual mantiene las características y rasgos de la Antigüedad. Uno de los momentos más sublime irrepetibles que vivimos fue presenciar en Aksum, la ciudad sagrada, la procesión con una réplica del Arca de la Alianza, en un amanecer que más parecía medianoche, donde un río humano de fieles, todos envueltos en túnicas blancas y con velas, daban la vuelta al templo de Santa María de Sión. En efecto, Etiopía no solo queda lejos físicamente; también parece detenida en el tiempo, por allá como en el siglo VI.

La pista del Arca se oscurece desde la destrucción del primer templo de Salomón en el 586 antes de Cristo; pero los etíopes repiten con mucha convicción y vehemencia que, desde mucho antes, ellos conservan el Arca verdadera, regalo del Rey Salomón a Menelik, el hijo que tuvo con la Reina de Saba, señora de las tierras de Abisinia. Cuenta la leyenda que el Arca estuvo escondida 800 años en un monasterio del Lago Tana antes de ser trasladada a Aksum. Quien desee arrimarse al amor entre Salomón y la Reina de Saba tiene a disposición la fuerza arrasadora y sensual del precioso libro del Cantar de los Cantares.

¡Bésame con los besos de tu boca!
¡Porque más embriagantes que el vino Son tus amores!
Suave es el perfume de tus bálsamos…
Tu nombre va manando de aceites aromáticos…
¡Por eso te aman las doncellas!

HUNDIR EN LUGAR DE LEVANTAR

Sin ninguna duda, la joya de la corona de un viaje a Etiopía es Lalibela. Es el más impresionante de los lugares del país declarados por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad. El rey Masquel Lalibela (1185-1225) quiso construir una nueva Tierra Santa para evitar las peligrosas y largas peregrinaciones a los cristianos africanos. Se trata de doce iglesias talladas en roca en las entrañas de la tierra; se decidió excavar las en lugar de levantarlas sobre el terreno para que no pudieran ser vistas por los invasores. Por eso es natural que todo sea de mucha penumbra en Lalibela. Conservan bellas pinturas murales de influencia bizantina, bastones sagrados, cruces y muchos manuscritos antiguos.

Esta “Jerusalén africana” tiene su propio Gólgota, río Jordán y Monte Sinaí. Un grupo de iglesias constituye la Jerusalén Terrenal y otro la Jerusalén Celestial, comunicadas entre sí a través de laberintos. Todas siguen siendo lugares de culto. El reto mayor para alguien claustrofóbico como yo fue atravesar lo que se conoce como “el infierno” para ir de un conjunto al otro. Se trata de un túnel muy largo, de unos 200 metros, oscuro, de poca altura y estrecho. Se debe ir agachado, con una mano en el techo para no golpearse y la otra en la pared, para ir dando la vuelta. La travesía se hace en silencio y sin encender ninguna luz. Cuando uno ya cree que no llegará al final, aparece la salida, la cual se celebra, en mi caso con lágrimas, por poder respirar con tranquilidad y haber superado la prueba del infierno. Salir es como llegar al cielo, con la buena noticia de que el regreso es por otro lugar.

Fue a partir de la construcción de las iglesias que la ciudad cambió su antiguo nombre de Roha por Lalibela, en honor al rey que las financió y ayudó a construir. Allí se mantienen prácticas religiosas de un cristianismo copto ortodoxo que no han cambiado en mil seiscientos años, y aún se vive como cuando se cincelaron estas iglesias monolíticas. El lenguaje de las ceremonias religiosas es el ge’es, que se dejó de hablar hace muchos siglos. Se asiste a misa de pie, por lo cual es muy común el bastón de apoyo. Las mujeres, al igual que en la Antigüedad, asisten a los ritos congregadas en un salón alterno sin vista al altar central. La Cruz de Lalibela es una de las más preciosas reliquias históricas y religiosas de Etiopía y se guarda en una de las iglesias: la Casa del Salvador del Mundo.

Unos expedicionarios portugueses llegaron a este territorio en 1520, pero mantuvieron en secreto su hallazgo. No fue hasta 1881 que un alemán redescubrió Lalibela y hace apenas unos 10 años se construyó un aeropuerto en la localidad de 15.000 habitantes para facilitar la llegada de viajeros y peregrinos desde Adís Abeba. Destaca de manera muy especial la Iglesia de San Jorge, patrono de Etiopía. Simboliza el Arca de la Alianza y es la más finamente tallada y la mejor conservada, con su clara forma de cruz. Es en verdad extraño y paradójico que semejante conjunto no esté en la lista de las Maravillas del Mundo Moderno.

Nuestro guía comentaba con solemnidad que quienes quieran asistir a la misa y lleguen tarde, tengan el período menstrual o hayan tenido relaciones sexuales la noche anterior deben quedarse afuera y abstenerse de ingresar a la iglesia. Imposible no sonreír con picardía ante tan eficiente cartelera informativa acerca de la vida íntima de las personas.

GONDAR Y EL LAGO TANA

Gran sorpresa me llevé al confirmar que J. R. R. Tolkien, escritor del clásico de fantasía El Señor de los Anillos, se inspiró en los castillos de la ciudadela imperial de Fasil Ghebbi de Gondar para su ciudad de piedra, Minas Tirith, del reino de Gondor. La ciudadela de Gondar es un imponente conjunto de castillos, maravillosamente conservados, con una mezcla curiosa de arquitectura árabe, influencias barrocas europeas y técnicas indias, que recibió el título de patrimonio de la humanidad de la Unesco en 1979.

En 1635 empezaron los asentamientos y el emperador Fasílides establece la capital del reino de Abisinia en Gondar, residencia imperial durante 200 años. Se dice que llegó a tener el doble de la población de Estambul en el siglo XVII y a ser reconocida como la segunda ciudad del mundo. Allí se sigue celebrando la festividad religiosa más importante del año, correspondiente a la Epifanía. Se trata de una recreación del bautismo del Jesús en el Jordán, en la cual todos entran al agua en los Baños de Fasílides, una piscina inmensa construida hace cinco siglos. Entre sus monumentos se destaca también la iglesia de Selassie, o de la Trinidad, un pequeño edificio sin pretensiones que guarda la muestra más importante de arte sacro del país, en la que sobresalen sus 104 querubines pintados en el techo.

Otro lugar digno de conocer en Etiopía es el Lago Tana de 88 kilómetros de largo por 66 de ancho, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco. Se encuentra sobre el cráter de un volcán extinto. En sus treinta islas se construyeron 38 monasterios, algunos de ellos de los siglos XII y XIII, con una rica colección de documentos, cruces, objetos sagrados y una importante cantidad de preciosos frescos. Los querubines vuelven a ser protagonistas; las pinturas son siempre bellas e ingenuas. El acceso es a través de estrechos caminos selváticos y de cafetales que mantienen los monasterios casi ocultos para garantizar su cuidado y preservación. En el Lago Tana están las fuentes del Nilo Azul que corre hacia Sudán al encuentro del Nilo Blanco y seguir su camino hasta desembocar en el Mediterráneo egipcio.

La fascinación total por la tierra de la reina de Saba podría resumirse en que, aunque parezca extraño en un mundo que convirtió lo esencial en desechable y pasajero, Etiopía conserva en el tiempo una cultura ancestral única e irrepetible, donde todo le es propio y particular: las manifestaciones artísticas, el alfabeto, el idioma, el calendario, el horario, la religión y hasta la belleza, porque es bien difícil encontrar en el mundo una fisonomía y color que los iguale; a ello se agrega bondad y simpatía. Es como si tuvieran lo mejor de todos nosotros, porque están en la génesis de la especie humana.

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